Vida Secreta

Un casi diario de lecturas, viajes, paseos y reflexiones

lunes, marzo 13, 2006

Los Campos Elíseos



Los Campos Elíseos son el nombre de la avenida más famosa de París, como todos sabemos. Esto es una obviedad, pero no pienso pedir excusas por decir obviedades. Los parisinos, pueblo culto y refinado, como buenos amantes de la mitología griega, tomaron prestado el nombre de esa cultura, donde dichos campos eran la morada de los muertos, reservados a las almas virtuosas, el equivalente al paraíso cristiano, inventado posteriormente.
Los Campos Elíseos es, también, el nombre del último libro de Pablo García Baena, uno de los pocos grandes poetas que nos van quedando para iluminar las zonas oscuras de la vida con su verso delicado y sonoro. El primer libro que publica en veinticuatro años, editado en Pre-Textos. Con un título absolutamente elegiaco, una despedida ya en toda regla. Pude abrir las páginas de este último libro suyo el pasado fin de semana, tras pasar unas horas de risa, chismes y copas con él en nuestra querida Córdoba. Entre los placeres que me depara la vida de vez en cuando (al margen de una botella de Martué o de Enate, o una ensalada Chez Alex, las mejores del mundo), está la de poder compartir momentos de amistad con este hombre menudo y divertido, con sus ojos pícaros que han visto mucha vida y mucho mundo, propio de quien ha vivido mucho, y no hablo de edad, porque como él dice; “hablar de edad es propio de cocheros”.
Uno comparte pocas cosas con Pablo, qué más quisiera yo que poder comparar mi tosco estilo con el de un Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Pero sí que comparto el ser cordobés como él y el sentirme profundamente vinculado a la Ciudad del Paraíso, Málaga, en la que él vivió más de treinta años antes de volver a su Córdoba quieta y mortecina de plazas y tabernas. Uno se imagina a Pablo, caminando por las cuestas de Benalmádena, llenas de buganvillas y de luz cortante reflejada en las paredes de cal, hacia el mar, donde posa sus ojos y recuerda. Recuerda su vida, los poetas, las celebraciones, el olvido. Recuerda a Brigitte Bardot, descalza, paseando su belleza animal por la calle San Miguel de Torremolinos. Recuerda la Creperíe Ma Bretagne, en su local primitivo. Recuerda las noches del Bronx. Recuerda la alta madrugada y su ginebra, las noches que, a veces eran más largas, más amargas, más lentas. Recuerda a quien no era el amor y se llamaba Antonio. Y esos recuerdos dirigen su pensamiento a los Campos Elíseos, que esperan a quienes han vivido tanto y tan plenamente.
Por ello uno comprende la fascinación por la palabra escrita, por esa música débil enredada en los dedos que hace que veamos otras dimensiones de la vida, que nos permiten mirar a través de los ojos de los otros como si fueran los nuestros. ¿Cómo si no se explica que un verso de Pablo escrito hace muchos años pueda definir parte de mi existencia, como si lo hubiera escrito pensando en mi? "Junto a las olas yo también soy libre". Y es que, junto al mar de Málaga yo también fui libre.

3 Comments:

  • At 10:48 a. m., Blogger lukas said…

    Me gusta esta manera tan sencilla y cálida que tienes de evocar momentos de plenitud, tanto en Córdoba como en cualquier parte es posible la felicidad, al final creo que es también cuestión de compañía, y de alguna manera, mi amor por Madrid es también por el amor de una mujer que allí vive. Las ciudades, las plazas, todos los rincones que recorremos, están impregnados de lo anímico, de las emociones que nos hacen pasear por sus calles, y también de esos recuerdos cuando se agrian, y que hacen que ya no queramos vivir más en esos espacios otrora amados.

    En mi caso, nunca encontré magia en el mar de Málaga, pero algunos rincones de Nerja sí que invitan a la paz y la alegría. En fin, algún día hablaremos, con una botella de Pedro Ximénez o de Montes de Málaga, no?

     
  • At 11:48 a. m., Anonymous Anónimo said…

    aiiii q de cosas q vamos a aprendé con el bló del antonio

     
  • At 5:24 p. m., Anonymous Anónimo said…

    madre mía, leyendo este texto tan tremendamente delicado, una no se atreve a mover los dedos para escribir nada......... lo que sí te entran ganas, es de abrir ese libro de poesía y bañarte en sus páginas.
    un beso antonio

     

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